viernes, 3 de octubre de 2014

La otra vida de los objetos

"Todo puede tener otra vida"

Mientras acaricio las sábanas de puro algodón blanco que mi suegra -ya hace mucho que hablamos de ella en pasado por lo que lamento no haberme interesado algo más en sus trabajos cuando aún estaba a tiempo- bordó en aquellas tardes en las que se aprovechaba el sol de los meses más fríos en el corredor o en las galerías de las casas de aldea, no puedo evitar pensar en cuáles serían sus sueños más profundos -sus penas, sus ilusiones, sus temores, - mientras daba las perfectas puntadas a aquellos bordados, impecablemente rematados. Estaban destinadas al ajuar de sus hijos, como se hacía antiguamente. Pero, lista como era, tal vez barruntase que las modas serían muy otras cuando llegara la época de su uso. Lo de las bajeras ajustables, la telas de planchado rápido y los colores más sufridos apenas empezaba a utilizarse por entonces en la ropa para el hogar. Es posible que mientras sentía el tibio aire en su perfil -que tenía algo de la extraña melancolía de Ingrid Bergman- pensara que hubiese podido conocer más mundos que el de las montañas que la acompañaban desde que nació, de haber vivido otras vidas u otras circunstancias. 

Nosotros podemos palpar ahora algo de ese pasado a través del espíritu de los objetos que van pasando a través de las generaciones, fruto de unos tiempos en lo que todo se hacía más despacio y más pensado; de ahí su sello imperecedero y su encanto.

Años después, cuando las mujeres ya no somos ni la sombra de lo que fueron nuestras antecesoras con libertades bastante más limitadas y un destino escrito casi siempre por ajenos -ella hubiese querido ser maestra y su padre la sacó del colegio para comprar más hacienda- Rosa y yo comentábamos el uso que aún puede darse a esas obras de arte arrumbadas en muchos armarios: unos estores para un ventanal, las fundas de las almohadas para las que vienen partidas en las camas grandes, unos visillos para los cristales con esas mismas medidas, la encimera que puede utilizarse en las camas de 90; además de originales manteles a modo de camino de mesa...

Infinidad de aplicaciones pueden tener muchos de esos objetos que se tiran o se arrumban por no aprovecharr sus posibles usos. Un amigo carpintero  me comentaba que muchas veces la gente tira muebles de madera noble para comprar otros de peor calidad, de pésima elegancia y mucho menos sanos para el ambiente. Claro que la mayoría de las veces resulta caro o costoso de recuperar, pero siempre hay alguien que puede darnos trucos, ideas o echarnos una mano en la transformación.

Un abanico de objetos con alma nos esperan en nuestros trasteros o desvanes. Una vez reciclados ya no tienen precio. Para finalizar hoy se me ocurre un conocido poema: Del salón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo, veíase el arpa ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, como el pájaro duerme en la ramas, esperando la mano de nieve que sepa arrancarlas ¿Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio así duerme en el fondo del alma, y una voz como Lázaro espera que le diga: "levántate y anda! . (G. A. Bécquer)


Fotografía 1: Antigua caja de caudales
Fotografía 2: Sábana antigua convertida en estor
Fotografía 3: Puerta de castño convertida en cabecero
Fotografía 4: Alfombra hecha con trapillos y lanas sobrantes 
Fotografía 5 : Palancanero a modo de macetero
Fotografía 6: Alacena centenaria para una cocina con aires rurales
Fotografía 7: Dicen que el coral expresa sentimientos no correspondidos, al tiempo que ayuda a superar esa frustración... Hoy os dejamos este bonito adorno para el cuello elaborado, como siempre, por Rosa Valle: /www.facebook.com/pages/Baratija/291436387699726?ref=profile

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